Un año después, con otro amor frustrado guardado en el bolsillo la muchacha se sienta en un banco pero de otra plaza. Ya no es caballito el lugar que la acobija sino esta vez el esplendoroso Belgrano. El día esta cálido, la sombra esta justa y los tambores de unos bohemios logran poner el clima para que sus pensamientos vuelen una vez más. ¿Cómo se encuentra la paz con tanto tsunami dando vueltas por ahí? Pregunta difícil aunque su respuesta no lo es tanto. Se encuentra en uno mismo. La conciencia ya no molesta con sus gritos melodramáticos y eso parece ser signo de estar haciendo las cosas bien. Accionar con el corazón es fácil quizás demasiado, pero sentarse y hacer lo que uno debe no siempre es tan simple. Uno se pregunta una y otra vez si sus acciones pueden ser un poco menos dolorosas pero la verdad es que no, uno no puede bajarse de la montaña rusa en pleno movimiento, tiene que seguir hasta el fin o morir en el intento de parar. La vida es un tren y solo los cobardes tienen la valentía de bajarse. Sin embargo uno a veces entre tanto baile puede esconderse por unos minutos y evitar al alboroto, pero cuando el tiempo se acaba y las preguntas comienzan a reclamar sus respuestas es hora de terminar con el descanso y volver a enfrentar la realidad. Y cuando el tsunami se vaya a pesar de los destrozos que ha dejado, no hay mejor sensación que saber que uno ha sobrevivido a la tempestad.
miércoles, 4 de marzo de 2009
Mi paz esta en el banco de alguna plaza.
Un año después, con otro amor frustrado guardado en el bolsillo la muchacha se sienta en un banco pero de otra plaza. Ya no es caballito el lugar que la acobija sino esta vez el esplendoroso Belgrano. El día esta cálido, la sombra esta justa y los tambores de unos bohemios logran poner el clima para que sus pensamientos vuelen una vez más. ¿Cómo se encuentra la paz con tanto tsunami dando vueltas por ahí? Pregunta difícil aunque su respuesta no lo es tanto. Se encuentra en uno mismo. La conciencia ya no molesta con sus gritos melodramáticos y eso parece ser signo de estar haciendo las cosas bien. Accionar con el corazón es fácil quizás demasiado, pero sentarse y hacer lo que uno debe no siempre es tan simple. Uno se pregunta una y otra vez si sus acciones pueden ser un poco menos dolorosas pero la verdad es que no, uno no puede bajarse de la montaña rusa en pleno movimiento, tiene que seguir hasta el fin o morir en el intento de parar. La vida es un tren y solo los cobardes tienen la valentía de bajarse. Sin embargo uno a veces entre tanto baile puede esconderse por unos minutos y evitar al alboroto, pero cuando el tiempo se acaba y las preguntas comienzan a reclamar sus respuestas es hora de terminar con el descanso y volver a enfrentar la realidad. Y cuando el tsunami se vaya a pesar de los destrozos que ha dejado, no hay mejor sensación que saber que uno ha sobrevivido a la tempestad.
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